Give2Get Give2Get

"Más que una empresa de Marketing"


Entrevista para El Mundo en la Residencia El Casar

Nuestra compañera Fabiola Lopo cuenta cómo ha vivido la pandemia con su madre

Twitter Facebook Linkedin

Nuestra compañera FABIOLA LOPO RODRIGUEZ es entrevistada para El Mundo. 

Con su reportaje ha querido transmitirnos el testimonio en primera persona de algunos mayores y sus familiares desde la Residencia El Casar de Guadalajara, puesto que durante todo este tiempo de pandemia, han sido los más perjudicados por la "Covid-19".

Fabiola nos cuenta cómo ha vivido todos estos meses de pandemia hasta que han podido vacunar a su madre, que sufre trastorno de personalidad inespecífico y Alzheimer.

No todos los mayores pueden expresar su alegría, aunque se note a la legua que la sienten. Es el caso de Antonia Huertas (82 años), Toñi, que tiene trastorno de personalidad inespecífico y además Alzheimer.

"Una persona mayor con una enfermedad psiquiátrica y un Alzheimer lo que más necesita es a su familia, por mucho cariño que las chicas le puedan dar, que yo lo agradezco y sé que la tratan con mucho cariño, pero no es igual.

Cuando ella está paseando su grado de conciencia quizá sea del 10%, pero cuando tú estás con ella hablándole del tema su punto de conciencia es alto, puede ser del 90%, y le dices 'mamá, ahora que te han vacunado ya podemos verte cada vez más tiempo' y ella responde 'menos mal hija, a ver cuándo vacunan a todos".

Lo cuenta Fabiola Lopo, nieta de Toñi, que fue criada por ésta como su hija tras marcharse su madre. No ha sido nada fácil. Toñi, que también sufre anorexia nerviosa, llegó a la residencia El Casar el 19 de marzo de 2019.

"Fue muy complicado porque estuvo muchos meses dando positivo, tuvo problemas de coagulación, su anorexia se acrecentó por el encierro, y fue muy difícil. Ella tenía su propio móvil y tuve que pedirle a Paloma [la directora] que se lo quitara porque no te puedo decir las veces al día que me podía llamar:

'Hija, estoy encerrada en una habitación, no me dejan salir, no sé qué pasa'. Entonces tú se lo explicabas, pero al ratito ella volvía a marcarte porque no lo entendía y llegó un momento en que ni ella podía seguir así porque le estaba generando una ansiedad muy grande, ni yo podía tampoco".

Fabiola explica que en la residencia no daban abasto y lógicamente le llegaba poca información.

"En las videollamadas le empecé a notar delgadez y vieron que tiraba comida por el inodoro, la escondía en los armarios... A veces la sacaban a pasear porque ella tiraba del pomo de la puerta y, para evitar contagios porque iba tocando todo y agarrando la barandilla, le daban un trapo y le decían 'Toñi, pasa el trapo' y fíjate cómo lo percibía que cuando la llamaba me decía 'me tienen aquí limpiando hija, ¡limpiando!'.

Tienes que tener la cabeza muy fría e intentar darle la vuelta: 'Qué bien mamá, debe ser que estás fenomenal para que estés ayudando porque no dejan a todo el mundo'. Ha sido muy difícil".

En un momento decidieron cambiar de planta a Toñi con los residentes más dependientes y Fabiola confiesa que lo vivió "como un infierno porque pensé que perdía a mi madre, asocias que la manden con las personas que más necesidades tienen con que tu madre no se va a relacionar con personas que la estimulen.

Pensé que la perdía para siempre y ahora te digo que fue la mejor decisión que pudieron tomar porque mi madre está, entre comillas porque la situación es la que es, mejor que nunca, está tranquila, no tan nerviosa como estaba antes pendiente de la puerta, de si yo iba. Ahora está muy bien, el cambio la ha relajado y está más contenta simplemente porque nos ve, ha pasado de vernos a través de una pantalla a vernos en persona. Se le nota en la cara, el primer día estaba como en shock, le noté unas ojeras negras...".

Toñi tiene perdida la memoria a corto plazo, pero recuerda perfectamente a su hija y su nieta de siete años.

"Incluso manda saludos para el hijo de mi marido de una relación anterior, 'un beso también para Alex, el niño de Pedro'.", indica Fabiola, que remata "yo no sé cuántos años le quedan de vida a mi madre y sobre todo de vida consciente, pero lo que más me gustaría es que ella pueda disfrutar de mi hija Daniela y Daniela de ella, de lo que se puedan dar.

Es verdad que ahora es muy difícil que puedan recuperar lo de antes, que salíamos del colegio y pasábamos todas las tardes a darle un beso, pero poder llevarla aunque sea una vez al mes para que pasen una hora juntas, si no fuera porque están ya vacunados no podría ser. Ojalá lo estemos todos pronto".

Entrevista El Mundo by Rocío R.García-Abadillo, Madrid

Imagen, El Mundo

Últimas Noticias